La llegada del sol fue tu final y decidiste marchar cuando la brillante luna que ya no podías apreciar se fue sin apenas despedirse de tí, gesto que guardaste con rencor hasta la fecha de hoy.
Fue entonces cuando regresaste con la resurrección en una noche de tinieblas a enfrentarte cara a cara con ella para en este caso ignorarla, pero no era ella la única.
Ibas vagando solo por entre las tinieblas tras un pánico que habías cultibado tú mismo en una calurosa noche que no invitaba a beber tanto como lo que ingirío tu organismo, donde las lagunas de alcohol que regaban tu flujo sanguíneo no eran tan grandes como las de tu cerebro tras la gran noche de lapidación a tus neuronas.
No preguntes que ha pasado ni te molestes en querer saberlo, todo se resume en nada bueno. Quédate mejor con la duda, siempre va a ser para tí mil veces mejor que la realidad que has vivido y no consigues recordar.

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