lunes, 2 de noviembre de 2009

Sediento

Comienza la noche con la misma sed que has comenzado el día. Decídes salir y beberte lo poco que queda de día y poco a poco te quedaba menos luz lunar para disfrutar de los incesantes tragos que te acompañaban mientras te ibas transformando en otra persona en una noche de luna llena.
No te salía bello por el cuerpo, pero tus ojos tornaban en rojo al igual que tus pupilas se iban dilatando y tu forma de diálogo consiguió cambiar en una evolución degenerativa que consiguió que todos los sonidos articulados por tus humedas cuerdas vocales eran incomprensibles, aún siendo frases que tu cerebro no conseguía asociar con una conversación coherente.

La llegada del sol fue tu final y decidiste marchar cuando la brillante luna que ya no podías apreciar se fue sin apenas despedirse de tí, gesto que guardaste con rencor hasta la fecha de hoy.

Fue entonces cuando regresaste con la resurrección en una noche de tinieblas a enfrentarte cara a cara con ella para en este caso ignorarla, pero no era ella la única.

Ibas vagando solo por entre las tinieblas tras un pánico que habías cultibado tú mismo en una calurosa noche que no invitaba a beber tanto como lo que ingirío tu organismo, donde las lagunas de alcohol que regaban tu flujo sanguíneo no eran tan grandes como las de tu cerebro tras la gran noche de lapidación a tus neuronas.

No preguntes que ha pasado ni te molestes en querer saberlo, todo se resume en nada bueno. Quédate mejor con la duda, siempre va a ser para tí mil veces mejor que la realidad que has vivido y no consigues recordar.

Eso si, acuerdate de lo que tienes.

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