120 horas entre cuatro paredes como patas tiene la cama. El tiempo no pasa, y si lo hace apenas uno se da cuenta desde dentro. ¿Qué más da que sea día o noche? ¿Si hay vida fuera o no? Aquí dentro no hay nada. No hay ni silencio ni cordura ya.Ya no sé lo que pienso ni lo que digo… bueno, es que aquí dentro no se dice nada, ¿a quién?
Encerrado en la celda de aislamiento espero el veredicto del juez.
Planeando una fuga. Fugitivo a escasos días de la condicional, pero es un riesgo a correr… si es que puedo correr. Los músculos están atrofiados, ya no sé si la ciudad será la misma o si mi reacción ante la sociedad no se verá alterada por mi estado de locura.
Puedo gritar pero no servirá de nada, nadie me oirá, pero si mi voz llega a los oídos de cualquiera se tratará de un sonido ignorado por esas terceras personas. ¿Qué se siente cuando uno está sólo? No lo voy a explicar, pero tampoco se lo voy a desear a nadie. Cada lo vivirá (ojalá no) cuando le llegue su debido momento, y si le llega por algo será.
Son momentos en los que no se le recomienda a nadie reflexionar, pensar, razonar… no sirve para nada más que sumirse en un mundo de paranoia, llegándose a crear un mundo paralelo que nunca se encontrará con la vida real, un mundo en el cual una vez acomodado no quieres salir de él. Todo va bien, estás sólo, sin dar explicaciones, sin problemas, sin hablar con nadie y sin nadie que te dé el maldito coñazo contándote lo triste que es su vida o la de otra persona cualquiera. Cosas que no interesan a nadie, ni al mismo afectado, simplemente intenta joderte creyéndose a sí mismo que se está desahogando, pero no… simplemente se hunde más en su propia mierda, una mierda que si está ahí es porqué se la ha construido a si mismo, por que es lo que ha elegido y está claro que no voy a echar la mano a nadie. ¿Alguién se lo merece? ¿Quién me tendió la mano cuando yo estaba exiliado? ¿Por qué hablo en pasado cuando todavía sigo en el exilio?
Desterrado de mi tierra, desterrado de mis derechos, desterrado de mi libertad, desterrado hasta de mi cordura.
No he leído en todos estos días, para qué, ¿para usar la mente e incitarme a pensar? No merece la pena usar la cabeza a no ser que quieras llegar a un estado de locura mucho antes de lo previsto. Libros… me siento como el Cid, desterrado, me siento como Don Quijote, o como los finales de su fiel Sancho, quijotizado mientras el loco caballero se sanchizaba.
¿Estoy loco o cuerdo? ¿Quién define cual es cada estado? No sé como estoy, pero está claro que las secuelas quedarán grabadas por mucho tiempo, y si se tiene que repetir esta historia algún día ya no sabré como actuar ante esta situación. Tal vez ahora me encuentre en un estado sin retorno.
Sigo esperando la sentencia del juez. El tiempo lo dirá… si es que el tiempo existe. Desde aquí no lo veo ni asomar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario